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CARTA A MI 2017

Quise esperar hasta el último día para escribirte. Desde el dolor en el alma que me dejaste, con el amor en el corazón que quiero recuperar. Me permití vivirte intensamente, con cada uno de tus 365 días, muchos de ellos pasaron sin avisarme por mi vida, algunos dejando cicatrices que aun estoy sanando, pero también otros dejándome increíbles nuevas vidas y momentos, con los que conecté desde mi ser, desde mi esencia. Gracias por no dejarme rendirme 2017, siempre estuve sostenida estando presente, fuerte y resiliente. 

Querido 2017, arranqué tu camino en Enero lanzándome y arriesgándome (una vez más) a un nuevo cambio en mi vida. Renuncié a lo que construí en mis raíces, junto a mi familia, mis amigos, en mi país, en mi origen… No te pedí permiso para hacerlo, lo sé, y eso fue el primer aprendizaje tuyo, y el más grande. Me regalaste un Febrero lleno de amor, de ilusión al lado de un hombre que me dio la increíble oportunidad y sorpresa de aterrizar en México, un país que me devolvió las ganas de creer en un SÍ se puede trabajar en lo que siempre había querido, con propósito para seguir construyendo un mundo mejor. Me sorprendiste con un Marzo que no estaba en mis planes, que venía con dos grandes pruebas de aprender a soltar y entender cosas que simplemente no tienen explicación. En este mes despedí a mi abuelo en medio de un virus que mi cuerpo empezó a aceptar. Abril y Mayo me los diste acompañados de un dolor físico que superaba el dolor en mi alma, entendí que no me quedaba otra que sacar fuerza para salir de todo esto. Un espacio en que me alejé del mundo para acercarme a mi. Con humildad me acepté vulnerable y débil pero siempre fuerte.

En Junio me diste luz para volver a México y recuperarme al lado del amor. Mi cuerpo recibió esa nueva resiliencia, y quise volver a sonreírle a la vida, lo que hizo que Julio me diera el regalo de no aceptar una quimioterapia, y seguir más fuerte y con ilusión. ¡La medicina del amor funciónó! Agosto llegó con esa esperanza de vivirme esta vida más que nunca, superando lo que se atravesaba por el camino, simplemente estaba recargada, estaba volviendo a mi. Y de repente llega Septiembre, a moverme el mundo, con un terremoto en Ciudad de México que me dejó sin lugar de trabajo y sin lugar para vivir. Un terremoto que sacudió lo que había construido en este 2017, y que en segundos me enseñó que la vida es un instante de vida o muerte. Un septiembre que me invitó a afrontar este movimiento de mi vida sola, y dejar ir una relación por la que le aposté hasta el último momento. Octubre llega triste, débil, y me sentía sin fuerza para seguir sonriendo. Noviembre me diste la sorpresa de tener a mis padres cerca, y en medio de la tristeza y el dolor, me llenaron de fuerza y valentía para seguir este camino. Se me aparecieron personas que hoy siguen siendo parte de mi equipo de batalla para las malas y las buenas. Y cierro este Diciembre recuperando mis espacios físicos: nueva oficina y nueva casa, sin dejar de lado el seguir recuperando el espacio de Andrea, ese mismo que está lleno de una guerrera sin miedo a nada, y con ganas de vivir hasta donde me lo permita la vida. 

Estaba esperando con muchas ganas este día para despedirme de tí, y agradecerte por estas pruebas, y decirte que a pesar de todo, acá sigo. Que soy merecedora de un 2018 sanador, con luz y magia.  Un 2018 en donde seguiré subiendo montañas, invirtiendo en mi, y sanándome al lado de quienes me hacen sonreír. 

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Este calendario 2018 fue hecho desde el dolor con amor. ¡Disfrutenlo!

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