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EL DIOS EN QUIEN SÍ CREO

Sentirnos vulnerables, tristes, y agobiados por el motivo que sea, hace parte de nosotros, de lo que estamos hechos. Somos humanos, y el sentir (afortunadamente) viene en nuestro paquete de vida. Y no sólo debemos estar preparados para permitirnos vivir emociones, sino también estar listos para buscar orientación y sabiduría, para buscar tranquilidad, paz y confianza. Esa fuerza que nos ayuda a salir de la vulnerabilidad y nos invita a escucharnos a nosotros mismos. Más allá de las religiones, de la espiritualidad, de la fe, de las creencias que cada uno tenemos, dejemos que nuestra mente, nuestro cuerpo, y nuestro corazón sienta, y se deje ayudar a través de lo que nos quiere dar la vida. Simplemente escucha-te y deja que pase…

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Lugares que me llevan a escuchar mi voz interior. Coliseo Romano. Roma. Itala.

Sin haberlo elegido soy católica, apostólica y romana. Desde mis bisabuelos en adelante, la religión tenía que ser parte de tu vida, sin opción de escoger lo que querías. Me bautizaron cuando tenia 1 año y medio , y creo que si hubiera tenido voz y voto, el nombre me lo hubiera cambiado antes, y no habría usado un blanco en mis vestidos de bautismo y primera comunión. Creo que soy cristiana, por lo que me decían en mi colegio de monjas: “pertenecemos a la iglesia”. A esa misma que dejé de visitar desde que empecé a entender el mundo del marketing y de los negocios, y me pareció que tener una iglesia era una idea de emprendimiento increíble, me acordaba cuando jugaba Monopoly y construía edificios porque tenía mucho muuuucho dinero (de los demás). Tampoco soy budista, pero me gustan algunas de sus invitaciones a ser más felices y dejar de pensar en cosas materiales. Lo que si no soy es atea, porque sí creo que existe un Dios. ¿Cuál? Sigue leyendo y te cuento de quién se trata…

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Viendo de lejos los “tesoros” de la iglesia. Sevilla. España.

Mi incredulidad hacia la religión en todos sus tonos, colores y sabores se define en una sola palabra: idolatría, la misma que mi gran amigo Juan Nuñez explica muy bien su blog —> acá. Y como únicamente soy fan de mi misma, me he dado a la tarea de encontrar ese Dios de quien tanto hablan, de conversar con él, en lugar de rezar, de buscarlo en mi propio espacio, y no en sitios construidos por otros hombres. Cada año que pasa me convenzo más y más que sí hay un Dios para cada uno de nosotros. Algunos lo llaman universo, otros energía, otros el creador de todas las cosas… en fin… Yo lo llamo voz interna, y ésta semana tuvimos un encuentro que me llevó a seguir creyendo en lo que me da fuerza y existe en mi vida para seguir adelante con lo que quiero. Porque me funcionó, y cada vez me sorprendo más cuando me pongo a hablar con él, les comparto…

Mi ritual para verme con Dios:

¿Qué necesitas?

– Lápiz – papel – espacio a solas

¿Cómo?

– Busca un espacio en el qué estés tranquilo, cómodo, y que nadie, ni nada te interrumpa.

– Escribe en el papel una pregunta o un tema sobre el que quieras alguna respuesta. Que quede bien claro lo que pides.

– Cierra los ojos y respira profundo 3 veces.

– Pregunta en voz alta a tu voz interior lo que has escrito.

– Tomate tu tiempo, y cuando sientas que estas listo, abre los ojos y anota inmediatamente todo lo que en ese momento se te viene a la mente, sin orden, sin preguntarnos por qué, anota nombres, situaciones, lugares, fechas, lo que quieras, y sientas en ese momento, hasta que ya no tengas nada que escribir.

– Léelo, y mientras tanto ríete, llora, SIENTE lo que pasa por esa voz interna que está dentro de ti.

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Felicidad y Felicidad… Chicago. USA.

Este es tan sólo uno de los “rituales”, que prefiero verlos como momento mágicos en que hablo con Dios. Pero también hablo a través de TODO lo que va llegando a mi vida: las personas, los mensajes, los elementos, las imágenes, el arte, la música, las historias, las películas, los libros…, fíjate en cada cosa que pasa en tu vida, y verás que detrás de eso viene un mensaje con la voz interior que quiere continuar la conversación que tú pediste. Pero para eso: Pide y recibirás. 

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